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Inventando nuevas formas de quemar libros



quema de libros chile
Quema de libros en Chile 1973



                                                       "No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe..." Ray Bradbury

Cuando Augusto Pinochet dio el Golpe Militar en Chile procedió como la mayoría de los regímenes dictatoriales; ordenó hacer una quema general de libros. Atendiendo a la orden de «Hay que quemar todo lo que huela a marxismo» entraron los soldados a la Universidad para acabar con lo  que consideraban libros prohibidos. Cualquier texto que comprometiera la autoridad de su nuevo caudillo era una complicación que debía ser exterminada con fosforo y gasolina en medio de  plazas y zócalos. Cuando la persecución se trasladó del espacio público a la intimidad de las casas y los anaqueles, los disidentes señalados fueron arrastrados a las calles dejando  una estela de cenizas. Libros chamuscados que provocaban miedo al nuevo gobierno. 

Otros sistemas totalitarios han venido haciendo más o menos lo mismo durante la existencia del ser humano. Los egipcios, por ejemplo, destruían las estelas del faraón anterior y arrancaban la cara a las estatuas; una costumbre que luego se transmitió hacia la cultura occidental romana. En el siglo XVII Descartes, en uno de sus arrebatos de razón les pidió a sus lectores que quemaran los libros antiguos. O el filósofo Hume harto de la metafísica decidió entregarla a las llamas para deshacerse de ella. O Nabokov, o Heidegger, o los nazis destruyendo imprentas en Polonia, o el estado chino en 1966 instruyendo sobre la forma correcta de alimentar hogueras con autores que tampoco se ajustaban a sus alegres ideas comunistas. 

¿Qué hay en los libros que los hace tan peligrosos?

quema de libros argentina

Argentina 1980 Quema de libros del Centro Editor de América Latina.
La foto: http://www.elortiba.org/quelib.html


Eso es fácil: ideas. Ideas. Ideas. 

Destruir libros es sólo uno de los pasos para la derrota cultural de un pueblo. La hoguera es un símbolo que grita que vienen primero las ideas y luego los hombres que las generan y las secundan. Pero esas espectaculares quemas públicas han dejado de ser efectivas con la proliferación de medios informáticos y estimo que la costumbre está por extinguirse pronto.

Con la información volando por encima de nuestras cabezas tan rápido como la luz que usan nuestros ordenadores, atrapar las casi mil páginas de la Guerra y la Paz y echarlas a una pira sería poco práctico.  Las ideas andan por todas partes y se filtran antes de que las alcancen. Sin embargo, no podemos echar a volar las campanas, para nada.  Los métodos, así como las vías, se refinan y son más sutiles. 

Luego de la controversia que ha generado el premio nobel de literatura a un músico (sobre lo cual me reservo mis comentarios), todo el mundo se ha puesto a decir que las ideas vienen en diferentes formatos que sustituyen la existencia de los libros.  Ya Twitter, ya Facebook, ya Instagram. El mundo encuentra nuevas formas para expresar sus pensamientos, más compactas, más ligeras y prácticas. 

El envase es lo que menos importa, si dejaran de imprimir volúmenes inmensos de los clásicos  aún existiría su contenido. Cierto. Lo importante no es el objeto ardiendo en medio de la calle,  sino la posibilidad de vernos privados del acto humano de leer. Uno de los procesos evolutivos más increíbles en la historia de los seres vivos: leer.  Comprender, confrontar nuestra realidad con la de otros, aprender y desaprender de las experiencias y las ideas de los demás.

quema de libros china
China 1966 (No se encontró la fuente)

Pero así como se democratiza el acceso a los libros, también llega el efecto contrario, que arremete con una fuerza más grande que la de los soldados entrando a nuestros espacios para extirpar las páginas prohibidas: la indiferencia. Nosotros mismos nos estamos haciendo cargo del trabajo y no miramos el humo que nos envuelve mientras lo hacemos. 

Nuestros muros sociales se rellenan con frases conmovedoras todas atribuidas a Gandhi o a Einstein que leemos, “likeamos” y compartimos de inmediato; bajamos los resúmenes de la Iliada y la Odisea, buscamos la película o el video blog que prometa una explicación rápida de Los Miserables, Wikipedia se convirtió en nuestro único medio de referencia y a las bibliotecas ya no vamos ni a besuquearnos con los novios de turno. Y nada de eso retenemos por más de dos segundos en la cabeza. 

farenheit 451
Fotografía de la película Farenheit 451. Prestada de http://blog.maestrotvsnte.mx


Olvidamos que leer no sólo es adquirir información sino profundizar en ella, hacernos preguntas y meternos en el cerebro de alguien más para intentar comprender sus respuestas mientras elaboramos las nuestras.  En Fahrenheit 451 , Ray Bradbury le explica a Guy Montag, el personaje principal de la novela, que no es precisamente la  censura quien destruye el interior de un libro: 

 No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se les permite leer historietas o periódicos profesionales.”

No es de extrañar que estemos cumpliendo a cabalidad con las estimaciones futuristas que se hicieron de nosotros. Nos hemos vuelto indiferentes a todo lo que nos requiera un esfuerzo, dejamos de analizar y, sobre todo, de mantener y explorar nuevos pensamientos. Sonreímos y echamos otro par de páginas al olvido. 

La verdadera muerte de los libros no es quemarlos, sino dejar de leerlos.

Me gustaría mucho saber su opinión al respecto. Espero sus comentarios y manos a las letras.
 




Libros: Te trataré como a una reina de Rosa Montero




Rosa Montero Te trataré como a una reina

Uno de mis vicios preferidos es meterme en esas cantinitas oscuras de donde salen notas de boleros descorazonadores y gritos de borrachos eufóricos. Supongo que por eso Te trataré como a una reina de Rosa Montero  me ha gustado. Leer el libro es abrir las puertas  de un mundo decadente en el que bichos como yo se encuentran con sus pares, de la manera más descarnada debo decir.  La escritora, con su ritmo crudo y directo, nos exprime la esperanza de salir de ahí en nuestros cinco sentidos enteros.

Con un anuncio de neón que dice Desiré, el lector se adentra en espacio sórdido empeñado en sobrevivir y si se animan a quedarse, el cantinero les va a contar sus historias por el precio de un jaibol.






El argumento

Bella es una cantante de boleros venida a menos que se gana la vida amenizando el Desiré. A modo de un breve artículo con tintes de nota roja, el primer capítulo narra la manera en que ella irrumpe en el departamento de Antonio para destruirle la vivienda y lanzarlo por la ventana. En cuanto al proyectil humano, se trata de un hombre entrando en los cincuenta,  trabajador burocrático del sector público, obsesionado con los aromas y la pulcritud. Antonia, su hermana, es una mujer soltera que ronda la misma edad y se pasa sus horas vacías soñando con el amor, la libertad o un mundo que nunca se ha atrevido a buscar. 

Ellos son las tres patas de una mesa alta, donde otros personajes apoyan los codos para acercarse una copita. A Menéndez el dueño del Desiré, Vanessa una mesera de poca monta y el Poco, los encuentran de fijo si visitan el bar, mientras que al inspector García lo verán de vez en cuando en la barra, bebiéndose un whisky a las costillas del dueño. 

Bella desea convertirse en una cantante famosa y va ganándose la confianza del Poco, un supuesto compositor de la época dorada del Tropicana que aplaude sus interpretaciones en el local. Ella y Antonio  estuvieron enamorados alguna vez, aunque la suerte los ha separado y viene a  reunirlos cuando ya no son los mismos. Descubriremos también las historias de Antonio, con su monótono trabajo inventándose juegos viciosos y de Antonia, explorando su instinto maternal torcido y las ideas sobre el pecado. 

Todos encerrados, todos condenados a pesar de sus intentos de abrir la puerta del mundo enrarecido por el tufo a cigarro y soledad.

En el texto  Rosa Montero juega con diferentes narradores, a veces son los personajes mismos en interrogatorios, a veces enfrascados en sus pensamientos. He leído algunas críticas en las que se anuncia que en la novela no pasa nada y justo ahora que trato de reconstruirla, me doy cuenta que a pesar de que avanza vertiginosamente, al final la historia es muy sencilla. Lo importante aquí es meterse en la piel de los personajes, sus decisiones, miedos y decadencia. La reconstrucción de ambientes es otro punto que la autora maneja con maestría, ya podemos ver las paredes del Desiré descarapeladas y el asqueroso baño que tienen que compartir mujeres y hombres, manifestaciones de la desesperanza que se va apoderando de los que por ahí transitan. 

Rosa Montero Te trataré como a una reina


¿Recomendado?

Yo me lo bebí como un whisky frio que cuando llega al estómago causa una sensación caliente. Me gusta la forma en que se recrea un mundo tan detallado que puede incluso olerse. La creación de los personajes, con los que la autora no tiene ninguna consideración ni pudor, está llena de pequeños cuartos oscuros  a los que uno quiere meterse para descubrir cuanto pueda. Aunque el final de algunos de ellos me ha parecido forzado, en otros logra muy bien la sensación de sube y baja que tanto nos gusta. 


Título: Te trataré como a una reina
Artor: Rosa Montero
Editorial: Seix Barral (1983)